DISCREPANCIAS EN EL EJERCICIO DE LA PATRIA POTESTAD

Desafortunadamente, sucede con mucha frecuencia que aquellos padres que se encuentran separados o divorciados, muestran posiciones enfrentadas en cuestiones esenciales que afectan a sus hijos menores.

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Por poner algún ejemplo con el que, seguramente, muchos lectores pueden encontrarse identificados, en ocasiones surge el conflicto a la hora de matricular al niño en uno u otro centro escolar (puede suceder que un progenitor muestre preferencia por un centro público y el otro prefiera un centro privado o concertado, católico o no); otras veces el conflicto tiene que ver, precisamente, con la transmisión a los menores de una concreta fe religiosa, por ejemplo cuando uno de los progenitores quiere que el niño/a haga la comunión y el otro no.

Otras veces uno de los padres entiende que el niño debe acudir al psicólogo, mientras el otro se opone frontalmente; o tal vez, uno de ellos desee acudir a medicinas alternativas como la homeopatía y el otro no comulgue con ello.

En todas estas situaciones muchas veces los padres desconocen sobre quién recae la potestad y responsabilidad de tomar este tipo de decisiones; cómo deben adoptarse y con qué mecanismos cuentan,  bien para ejercer de un modo efectivo su oposición a la decisión del otro cónyuge, o bien para conseguir que sus preferencias (que consideran las mejores para sus hijos) puedan efectivamente imponerse sobre las del otro progenitor.

Pues bien, lo primero que debe tenerse en cuenta en relación con esta cuestión , y que a menudo genera confusión, es que no es la titularidad del ejercicio de la GUARDA Y CUSTODIA lo que determina quién es el progenitor facultado para la adopción de las decisiones que afectan a aspectos esenciales de la vida de los hijos o, dicho de otro modo, no es el progenitor que por acuerdo o sentencia judicial ostenta la guarda y custodia, el que puede libremente tomar este tipo de decisiones.

Tales decisiones corresponden a quienes ejercen la PATRIA POTESTAD respecto de los menores y que, generalmente, y salvo casos de privación de dicha patria potestad a alguno de los progenitores (que sólo tiene lugar en supuestos graves, cuando el progenitor incumple sus deberes paternales produciendo algún daño físico o patrimonial al hijo menor o poniéndolo en riesgo) o imposición de una pena de  inhabilitación  para su ejercicio, son ambos padres, conujuntamente o uno con el consentimiento del otro.

En consecuencia, tales decisiones esenciales, que afectan a aspectos principales de la vida de los hijos como la educación, la salud o el desarrollo emocional, deben ser adoptadas por ambos padres o por uno de ellos con el consentimiento del otro.

Pero entonces, ¿Qué sucede cuando los padres no se ponen de acuerdo?

Como referíamos al comienzo de esta entrada es muy frecuente que se generen situaciones de conflicto y desacuerdo entre los progenitores, por lo que la Ley establece un procedimiento judicial especial (de jurisdicción voluntaria) en el que cualquier progenitor puede recabar la intervención de la Justicia a fin de que, ésta, una vez valorada la cuestión, bien adopte una decisión final o bien designe, en cada caso concreto, quién de ambos progenitores, por estar más capacitado (en ese concreto momento y respecto de la precisa decisión que se debate) para imponer su parecer en beneficio del menor; principio éste, el del beneficio del menor, que debe inspirar la resolución judicial que ponga fin al procedimiento.

Se trata de un procedimiento breve y relativamente sencillo en el que pueden proponerse y  practicarse pruebas.

Cualquier progenitor debe ser consciente, cuando se enfrente a una situación similar, que en caso de que por el otro se haya adoptado o se pretenda adoptar una decisión de este calibre en torno a la vida del hijo menor, con la que no se esté de acuerdo, debe manifestar su desacuerdo de forma fehaciente para que pueda haber constancia de ello.

Desde luego que la mejor solución para la vida familiar es la del acuerdo, si bien cuando éste se hace imposible, siempre resulta preferible seguir los pasos adecuados para la solución del conflicto que eternizar el enfrentamiento entre los progenitores.

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